Antes las mujeres teníamos referencias de crianza muy cercanas, hoy llegamos a la maternidad con pocas experiencias previas.
Hay muchas situaciones dónde puede ser necesaria una Doula:
Las mujeres y las familias que quieren disfrutar de una maternidad consciente y responsable, sintiéndose acompañadas y respetadas.
Cuando no se tienen cerca las redes familiares extensas, o sus criterios sobre la maternidad son muy diferentes de los nuestros.
Las parejas que quieren reforzar sus propios criterios delante de las inercias del sistema cultural predominante, conociendo sus derechos y las diferentes posibilidades de ejercerlos.
Como ayuda para adaptarse desde un ritmo de vida intenso, al ritmo de un bebé.
Para cuidar a la madre y que ella se pueda perder en la mirada que le engancha a su bebé y aprender su lenguaje desde el intenso vínculo que se genera entre ellos.
Para facilitar la vida cotidiana y así las familias pueden disfrutar de la emoción de ser padres sin tantos agobios.
Como amortiguación con respecto al resto del mundo, sobretodo cuando no comprenden la fragilidad del bebé y su necesidad de intimidad.
Es un apoyo constante cuando no está la pareja por cualquier motivo: por trabajo, porque se rompió el vínculo, porque falleció, porque la mujer decide tener el bebé sola, etc.
Cuando una mujer necesita recuperar la confianza después de experiencias negativas, como partos traumáticos o sentimientos de soledad, a través de la mirada, la confianza y el respeto de otra mujer.

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