Se pueden recibir masajes en cualquier parte del proceso y de hecho son muy beneficiosos, aunque el especialista puede recomendar  que no se reciban masajes por motivos médicos.
Durante los tres primeros meses de embarazo es cuando se ha de tener más cuidado por lo que se recomienda trabajos manuales muy suaves (osteopatia craneo-sacral, quiromasaje relajante, drenaje linfático, etc.).
En el embarazo los masajes sirven para trabajar las tensiones que se crean por el cambio en la forma corporal y del centro de gravedad, ayudan a evitar o tratar los dolores de espalda, mejoran la circulación en las piernas, elastifican la piel, al soltar los músculos favorecen crear espacios más cómodos para el bebé, relajan a todos los niveles, mejoran la respiración y por tanto la oxigenación del bebé…
Se utilizan posiciones muy cómodas para la madre y el bebé que lleva dentro, con las técnicas apropiadas se puede llegar al parto con el mínimo de molestias corporales y con los huesos pélvicos y las musculaturas preparadas para el trabajo que han de ejercer.
En el posparto inmediato solo se utilizan técnicas muy suaves, igual que al principio del embarazo.
En el posparto los masajes ayudan a retornar las estructuras a su volúmen y posición normales, sirve para recuperarse del esfuerzo que supone parir y trata las tensiones posturales de dar de mamar o sostener a menudo un bebé en brazos.
Todos los efectos beneficiosos de los masajes son muy importantes para las madres ya que, además, ellas están todo el tiempo cuidando del bebé y esos son momentos especiales dónde la mujer siente que le cuidan.

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